Después de una operación exitosa en RD-4, el grupo volvió a la nave para celebrar entre risas y bebidas. Sin embargo, Weapon X se puso de pie y se quedó mirando por la ventana de la nave, contemplando el planeta que en algún momento fue su casa.
Nadie notó su ausencia, excepto Kronco, quien se acercó para ver qué lo tenía tan pensativo.
Fue ahí cuando Weapon X se sinceró con su compañero sobre sus intenciones.
—"Ya van dos meses. ¡Dos meses! Mis padres están en un búnker, pero ¿hasta cuándo? Los suministros, el agua... no son eternos. No somos suficientes para liberar Super Tiquicia" —dijo Weapon X mientras golpeaba levemente con sus puños la ventana de la nave, derrotado.
Pasaron unos segundos de silencio. Luego se limpió los ojos, recuperó su compostura y se disculpó con su compañero.
Kronco puso una mano sobre su hombro y le dijo:
—"Ten fe. Más vendrán. Si ellos no vienen a nosotros, yo iré por ellos."
Tomó sus cosas y se marchó.
Pasaron semanas y no se sabía nada del recluta Kronco. Silencio.
El escuadrón se imaginaba lo peor, pero continuó luchando en todos los frentes a los que el Alto Mando los enviaba.
Así pasó el tiempo y los pocos TicoDivers aprendieron a combatir juntos. Su efectividad y coordinación eran algo que pocas unidades llegaban a experimentar. Su comunicación y planificación del equipamiento antes de cada operación les permitían estar preparados y completar los objetivos más rápido que otros escuadrones de Super Tierra.
Durante este tiempo, el Escuadrón 506 comenzó a infundir temor entre los enemigos de Super Tierra. Su valentía y ferocidad dejaban cientos de bajas como firma personal.



